Hoy hablamos de los hombres en el divorcio
Hoy hablamos de los hombres en el divorcio «…Al divorciarme sentí que tenía que acreditar mi capacidad de ser padre mientras que mi ex mujer no…»»…Al divorciarme sentí que perdía el control de todo lo que había sido mío hasta el momento…mi casa…mi dinero…el tiempo de mis hijos…la educación de mis hijos…»»…Al divorciarme sentí que todo lo que acordaba en el divorcio estaba condicionado por el miedo de perder a mis hijos…»»…Al no tener la custodia sentía que no pintaba nada, ya no decidía ni educaba. A veces me sentía extraño con mis hijos por la falta de costumbre…»»…Para tener la custodia compartida tuve que luchar contra toda clase de prejuicios en el sistema…»»…Me he sentido cómo un cajero. No importaba si pasaba dificultades o una mala racha…»»…Cuando tuve que salir de la que era mi casa, sentí que se me caía el mundo encima.
Un piso frio o volver a casa de mis padres con el rabo entre las piernas. Tenía mucho miedo de no ser capaz de poder pagarme mi vida y la de mis hijos…»»…Lo único qué tenía claro es que no quería perder mi sitio en la vida de los que más quería…»Es muy importante escuchar cómo se sienten muchos hombres en este proceso. El dolor, la impotencia, la rebeldía, los sentimientos de humillación que viven. No es fácil, nada fácil dejar el control a otra persona sobre aspectos fundamentales de nuestra vida. El proceso de separación para los hombres es muchas veces un calvario. Es una realidad que se han ido sintiendo cada vez más juzgados, cada vez más cuestionados…
Cómo si por defecto tuvieran que ser malos padres o malas personas. Incluso en el caso de que hubieran sido malos maridos, eso no implica que el sistema les victimice en su papel como padres responsables.Es cierto que se ha producido una revolución paternal.
Que los padres de hoy en día luchan por sus hijos cada vez en mayor grado. Qué conforme se avanza en la igualdad ellos ahora llevan la misma vida de locos que las madres. Quitan piojos, hacen de comer y van a las reuniones del colegio cada vez en mayor grado. Las mujeres hemos tenido que aprender que la custodia compartida no es un cuestionamiento de nuestra capacidad como madres.
Que no es una estrategia para no pagar pensión (aunque haya desgraciadas excepciones) y que tenemos que aprender a confiar y a entender que la paternidad es cada vez más COSA DE DOS. A mi entender es una verdadera revolución.
Las mujeres hemos tenido que aprender que la custodia compartida no es un cuestionamiento de nuestra capacidad como madres.
Un sistema que permite subsanar el desequilibrio de la custodia exclusiva, en la que uno se siente un jefe pagador y la otra parte, un empleado pedigüeño. Un sistema que da a nuestros hijos la oportunidad de disfrutar de ambas familias y a los padres y madres, la oportunidad de tener descansos para recuperarse como personas. Por supuesto hay retos. No todo el mundo es un padre o madre comprometido. Y a veces es difícil armonizar criterios y para los hijos lidiar con dos estilos familiares que pueden ser opuestos. Pero es una revolución buena. Un avance. Que puede ayudar a hacer este proceso más igualitario para ambos progenitores. La sociedad está cambiando y los cambios a veces tardan en normalizarse. Hay que tener paciencia y sobre todo…hay que ESCUCHARSE. Los grupos de apoyo aspiran a convertirse en un centro de diálogo. Un lugar de expresión libre, de crecimiento y de escucha.