Cuando crees que el otro progenitor puede ser dañino para tus hijos
No se cómo enfocar este tema sin ir directa al grano. A veces no solo toca decidir si romper el compromiso matrimonial. A veces toca decidir si debemos proteger a nuestros hijos del otro progenitor. A veces no estamos seguros de si el otro progenitor hace daño física o emocionalmente a nuestros hijos. A veces…no sabemos qué hacer.
Este durísimo dilema persigue a muchas personas en diferentes grados. Porque no siempre lo tenemos claro o sabemos lo que es menos lesivo. ¿Qué es peor, qué los niños pierdan la relación con el otro padre o seguir sufriendo conductas que creo perjudiciales?
Las situaciones pueden variar entre situaciones en las que creo que mi ex no es bueno para mi hijo/a, a situaciones en las que temo que mi ex es un peligro para mi hijo/a. Las escalas son infinitas.
Es muy importante reflexionar sobre este tema antes de cualquier reacción. Porque es bastante habitual que hiperreaccionemos cuando nos parece que el otro padre nos manda la ropa sucia, los niños con piojos o los deberes sin hacer, pero sin embargo nos quedamos paralizados ante situaciones agresivas, de humillación emocional o de daño en el adecuado desarrollo psicológico del menor.
Así que ¿Por qué a veces reaccionamos demasiado y a veces demasiado poco?
La razón siempre suele estar en la relación previa de los padres como pareja. Cuando un progenitor ha sido abusivo hacia su pareja, es muy posible que su comportamiento sea abusivo en mayor o menor grado hacia los hijos.
Las situaciones de maltrato físico, por lo evidentes, son más fáciles de apreciar. La persona que ha conseguido salir de esta situación, es difícil que deje a sus hijos atrás en la lucha. Requiere tanta fuerza, valor y superación salir del círculo de indefensión y poner los medios para salir de ella, que suele incluirse a los hijos en la salida. Esta situación suele llevar parejo medidas judiciales, implicando el estudio de la familia y el establecimiento de supervisión hacia los hijos. Desgraciadamente, a veces, es el sistema el que no protege adecuadamente y sigue exponiendo a los hijos a la violencia. Pero no es ese el tema que nos ocupa.
Estamos hablando de cuando uno no sabe si intervenir o no. O de cuando se sabe, pero no se sabe medir el alcance o nos da miedo saberlo. O de cuando la autoprotección hace que tengamos miedo de enfrentarnos al otro.
El maltrato psicológico es invisible y mentiroso. Tanto en hombres como en mujeres, está infravalorado y es muy habitual que no se crea al hombre o a la mujer que hable de humillaciones sutiles, de microagresiones que machacan sueños y autoestimas. Cuando un progenitor ha conseguido salir de esa situación, en muchas ocasiones no se ha llegado a abrir el tema de ese maltrato y el otro padre tendrá todas las posibilidades de acceder libremente y sin limitaciones a los hijos.
Muchos hombres sufren el peso de su educación y no se atreverán a confesar el daño o el dolor que su pareja les ha infligido. También es difícil demostrar o convencer del daño que pensamos puedan estar sufriendo los niños y no ser acusado de la típica guerra de padres separados. La sociedad aun glorifica el mito de la buena madre y puede resultar complicado abordar, que hay muchos tipos diferentes de violencias que no están relacionados con el género.
Muchas mujeres afrontarán también dificultades especiales. Suelen ganar menos, a veces dependen económicamente de la aportación del otro cónyuge para cuadrar el presupuesto familiar, o necesitan la custodia compartida para organizar sus vidas y su trabajo.
A veces esa situación está sostenida por presión social, dependencias o sentimientos de incapacidad y los hombres y mujeres tienen miedo de afrontarla.
«…Quiero proteger a mis hijos pero cómo hago para criarlo solo…» «…Quiero proteger a mis hijos pero cada vez que intento enfrentarme a mi ex tiemblo…» «…Quiero proteger a mis hijos pero ahora necesito tiempo para mi y no quiero renunciar a él…»
A veces no actuamos y deberíamos.
Entonces ¿Cómo saber cuándo intervenir si piensas que hay cosas que pueden estar haciendo daño a tus hijos?
Aquí unas pistas
Si te lo estás preguntando es porque puede haber razones. Reflexiona, habla con tus hijos, escúchales, busca información…habla con profesores, amigos, otro padres…Si no tienes seguridad sobre el alcance o de si tus intuiciones son correctas pide opinión. Habla con el colegio, pide ayuda y opiniones expertas, transmite tus preocupaciones sin juicio y escucha opiniones. Y no olvides que nadie tiene tanta información como tienes tú.
Si notas que siempre lo dilatas, que tiendes a no pensar en ello, que te excusas….párate a reflexionar si algo te está impidiendo afrontar la situación. Analiza esas barreras internas y si encuentras que hay MIEDO, busca ayuda. No tienes porque afrontar esa batalla sola. Hay asociaciones, servicios sociales, círculos de padres que pueden ayudarte a planear y decidir qué hacer. Sal del silencio por tus hijos y pide ayuda. Para ti y para ellos.
Una preocupación respecto a los hijos siempre debe estar atendida. Una acción respecto a los hijos nunca debería ser impulsiva. Nunca debería tener segundas motivaciones ni ser utilizada en guerras. Debe ser madurada, consultada, reflexionada y planeada.
A veces requerirá trabajar con el otro progenitor.
A veces requerirá evaluación experta.
A veces requerirá solicitar unas medidas de protección.
A veces descubriremos que estamos equivocados o que simplemente estamos atrincherados en nuestra forma de entender la educación, y aprenderemos que hay otras formas no perjudiciales e igual de buenas que las nuestras de educar.
Pero siempre… siempre…debemos invertir tiempo, reflexión y acción sobre la tarea de protección de nuestros hijos.